SEIS NACIONES 2026: WALES CAYO ANTE ESCOCIA EN CARDIFF

En el rugby, como en tantos otros deportes, no siempre gana el que más tiempo domina, sino el que mejor sabe leer las grietas del destino. En un Principality Stadium que rugía con la esperanza de ver a su Dragón victorioso, Escocia firmó un guion de película: sufrió, fue superado y caminó por la cornisa, pero terminó arrebatándole un 26-23 a Gales en los minutos finales de la tercera fecha del Seis Naciones 2026.

La primera etapa fue un monólogo de pragmatismo galés. Mientras el local defendió cada centímetro con una fiereza de acero, aprovechando cada incursión en los 22 metros rivales como si fuera la última, a Escocia se le escurrían las ideas entre los dedos. El local mostró sus variantes: primero fue la fuerza y empuje de Rhys Carre y luego la elegancia de Josh Adams, volando por la punta tras una apertura.

Escocia solo encontró alivio en una jugada de pizarra, donde el guante de seda de Finn Russell encontró a Kyle Steyn contra la bandera. Pero fue un espejismo en un desierto de imprecisiones. El 17-5 al descanso parecía un veredicto justo para un equipo galés que sabía qué hacer con la pelota y un visitante que parecía haber dejado su brillo en la victoria ante Inglaterra.

El complemento trajo consigo el caos. Gales intentó dormir el partido con el pie de Sam Costelow, pero cuando el marcador parecía bajo control, apareció la magia indescifrable de Finn Russell. En una baldosa, el 10 inventó una pausa, dibujó un amague que desmanteló a la marca y se zambulló en el ingoal para avisar que la función no había terminado.

Aunque Jarrod Evans estiró la diferencia para el anfitrión con su puntería, el partido se quebró en un parpadeo de distracción fatal. A la salida del reinicio, Gales sufrió un “blackout” defensivo: Russell hizo el kick off y Darcy Graham, como un rayo que nadie vio venir, tomó la ovalada ante una defensa petrificada para irse directo al festejo.

Ese mazazo cambió la polaridad del encuentro. Gales, que había sido un modelo de disciplina, empezó a cometer los pecados que antes eran propiedad escocesa. Con apenas 4 puntos de ventaja, el Dragón se dedicó a resistir, pero la marea azul ya era incontenible. De un line-out en los 22 metros nació el maul del destino: George Turner emergió para decretar el try del triunfo, sentenciado luego por la conversión de Russell.

Gales se quedó sin respuestas y sin aire, víctima de su propia incapacidad para cerrar un partido que tuvo en la palma de la mano. Escocia, ese equipo indescifrable que una semana es sombra y a la siguiente es luz, se fue de Cardiff con los brazos en alto.

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