SI SE PORTO MAL… NO LO RETIRES DEL RUGBY (EDUARDO COSTAS)

Si se portó mal, no lo retires del rugby

Por: Eduardo Costas

Hay una reacción muy común en muchos hogares: cuando un hijo se porta mal, baja sus notas o no cumple con sus responsabilidades, el primer castigo suele ser quitarle aquello que más ama. Y muchas veces, ese lugar es el rugby.

Sin embargo, quizás sea precisamente el lugar del que no deberíamos retirarlo.

El rugby no es un premio por portarse bien; es una escuela de vida. Es el espacio donde un niño aprende que el respeto se gana, que la disciplina se construye, que el esfuerzo cotidiano vale más que el talento y que nadie avanza solo. Allí descubre el valor de la palabra, del compañerismo, de la humildad en la victoria y de la dignidad en la derrota.

Cuando un chico atraviesa una mala racha en la escuela o presenta dificultades en su conducta, necesita límites, por supuesto. Pero también necesita contención, afecto y un ámbito que lo ayude a reencontrarse consigo mismo. El club, sus entrenadores y sus compañeros pueden convertirse en ese sostén que muchas veces marca la diferencia.

Los padres deben corregir, dialogar y exigir el cumplimiento de las obligaciones escolares y del hogar, pero sin romper el vínculo con el deporte que educa. El desafío no es elegir entre estudiar o jugar al rugby; el verdadero desafío es enseñar que ambas responsabilidades forman parte del mismo camino hacia la madurez.

El rugby ha formado generaciones de hombres y mujeres de bien porque nunca se limitó a enseñar a pasar una pelota. Enseñó a levantarse después de caer, a respetar al rival, a obedecer las reglas y a comprender que el equipo siempre está por encima del individualismo.

Acompañemos a nuestros hijos al club. Esperemos con paciencia que esa mala etapa pase. Porque las notas pueden mejorar, los errores pueden corregirse y las conductas pueden cambiar cuando existe una comunidad que educa con valores.

No lo retires del rugby. Tal vez allí esté aprendiendo a convertirse en la persona que soñamos que sea.

Porque el rugby no es solamente un deporte; es una filosofía de vida.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *