TENEMOS EN CUENTA LAS TARJETAS AMARILLAS A LA HORA DE ENTRENAR? GUILLERMO MIODOSKY

¿Tenemos en cuenta las amarillas a la hora de entrenar?

Hoy el rugby tiene un promedio de 1 a 2 amarillas por partido. Eso significa que muchas veces se juega entre un 10% y un 25/30% del tiempo con uno o más jugadores menos, tanto en ataque como en defensa.


Por eso es importante entrenarlo y no esperar a que aparezca recién el día del partido.
Trabajar situaciones de inferioridad numérica sirve para que los jugadores se adapten a escenarios desfavorables y aprendan a resolver problemas bajo presión, algo que hoy define muchísimo el rugby actual.
Con menos jugadores el equipo debe:

  • comunicarse más,
  • reorganizarse más rápido,
  • tomar mejores decisiones,
  • entender cuándo presionar y cuándo ceder,
  • y jugar con mayor disciplina táctica.
    Además, obliga a todos a involucrarse y comprender realmente el sistema, tanto ofensivo como defensivo.
    Muchas veces el problema no es jugar con uno menos, sino desordenarse mentalmente al hacerlo. Por eso estas situaciones deben entrenarse para naturalizarlas y aprender a competir igual.
    ¿Cómo repercute en el equipo?
    En ataque
    Cuando el ataque tiene uno o dos jugadores menos:

  • Se obliga a jugar con más criterio y no por inercia.
  • Mejora la calidad del pase y la toma de decisiones.
  • Los jugadores aprenden a:
    fijar mejor,
    atacar espacios reales,
    jugar profundo,
    sostener la continuidad sin aislarse.
  • Aparece más comunicación y lectura colectiva.
  • Se entiende la importancia de ocupar bien los espacios y mantener el orden ofensivo.
    Muchas veces con menos jugadores el equipo termina jugando más simple y mejor, porque entiende que no puede desperdiciar movimientos ni recursos.

En defensa
Cuando la defensa tiene menos jugadores:

  • Mejora mucho la organización defensiva.
  • Obliga a hablar constantemente.
  • Se trabaja:
    línea,
    roles,
    presión coordinada,
    deriva,
    coberturas,
    reorganización después del tackle o ruck.
  • Los jugadores entienden cuándo presionar y cuándo ceder espacio.
  • Se desarrolla disciplina táctica y esfuerzo colectivo.
    El equipo aprende que defender con menos no es correr más desordenado, sino defender más conectado.

¿Para qué sirve?
Preparar situaciones reales de partido
Las amarillas existen y muchas veces definen partidos. El equipo debe naturalizar cómo jugar esos minutos.
Entrenar adaptación
El rugby actual exige resolver constantemente problemas:

  • inferioridad numérica,
  • fatiga,
  • desorden,
  • espacios abiertos,
  • cambios defensivos.
    Mejorar la toma de decisiones
    Con menos jugadores hay menos margen de error:
  • una mala subida,
  • un pase innecesario,
  • un mal apoyo,
    pueden romper todo el sistema.
    Generar liderazgo y comunicación
    Siempre aparecen jugadores que empiezan a ordenar, hablar y acomodar al resto.
    Aumentar intensidad mental
    No solo se entrena lo físico; se entrena pensar rápido cansado y bajo presión.
    ¿Qué aprende el equipo?
    Que el sistema no depende solamente de tener 15 jugadores, sino de:
  • organización,
  • conexión,
  • comunicación,
  • disciplina,
  • lectura colectiva.
    Y también que muchas veces el problema no es la inferioridad numérica, sino el desorden que genera mentalmente.
    Importante como entrenador
    La amarilla debe tener un objetivo claro. No es sacar jugadores “porque sí”.
    Ejemplos:
  • Ataque con uno menos → trabajar conservación y ocupación de espacios.
  • Defensa con uno menos → proteger el centro del campo.
  • Dos menos → reorganización rápida y comunicación extrema.
  • Amarilla a forwards → adaptación del sistema cerca del ruck.
  • Amarilla a backs → coberturas y manejo del ancho.
    Bien usado, este tipo de entrenamiento desarrolla equipos más inteligentes, adaptables, disciplinados y competitivos.

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