PF LEANDRO ROMANO: EL TALENTO TE ABRE LA PUERTA, LA DISCIPLINA TE DEJA ADENTRO

En el rugby, como en la vida, el talento llama la atención. A lo largo de los años, Leandro Romano, preparador físico, vio pasar por las canchas a jugadores con condiciones extraordinarias: potencia natural, destreza técnica, lectura de juego innata. Talentos que parecían destinados a llegar lejos desde el primer entrenamiento.

Pero el tiempo —ese juez implacable del deporte— también mostró la otra cara de la moneda.

Muchos de esos talentos se fueron perdiendo en el camino. No por falta de capacidad, sino por ausencia de disciplina, por depender demasiado de que el contexto siempre jugara a favor. Cuando el viento soplaba en contra, el rendimiento se desmoronaba.

Y en el rugby, tarde o temprano, el viento siempre cambia.

Lesiones, suplencias, malas rachas, entrenadores exigentes, competencia interna. Es ahí donde se pone a prueba la verdadera base del jugador. Sin hábitos sólidos ni compromiso diario, el talento por sí solo no alcanza para sostener una carrera.

Romano lo vio de cerca: jugadores brillantes que no lograron levantarse después del primer golpe duro. No porque no supieran jugar, sino porque nunca habían aprendido a resistir. Nunca habían entrenado la constancia, la paciencia y la tolerancia a la frustración.

En contrapartida, la disciplina cumple un rol silencioso pero decisivo. Construye resiliencia. Forma deportistas capaces de entrenar bien incluso en los días malos, cuando nadie mira, cuando no hay aplausos ni reflectores. Es ahí donde se ganan los partidos invisibles.

En el rugby moderno, cada vez más físico y exigente, el hábito diario marca la diferencia. No siempre llega más lejos el más talentoso, sino el que no se rinde. El que sigue sumando trabajo, experiencia y aprendizaje, aun cuando el camino se empina.

Con el paso del tiempo, la conclusión es clara:
la constancia no siempre se ve en el marcador, pero define carreras. Se juega fuera de la cancha, en las decisiones pequeñas, en el compromiso cotidiano, en elegir entrenar un poco mejor cada día.

El talento abre puertas.
La disciplina te mantiene dentro.

Ahora la pregunta queda abierta:
¿lo viste en tu entorno? ¿te pasó a vos?

Que este mensaje sirva como recordatorio en cada entrenamiento, en cada temporada y en cada momento difícil. Porque en el rugby, no sobrevive el más talentoso, sino el más constante.

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