EDUARDO COSTAS: UN FUTURO PROMISORIO PARA NUESTROS PUMAS

Un futuro promisorio en Los Pumas: visión, desafíos y la esperanza de una gran transformación

Por: Eduardo Costas

El rugby argentino se encuentra en un momento crucial de su historia, marcado por una serie de cambios estructurales, desafíos globales y oportunidades que pueden definir su destino en los próximos años. La llegada de la Liga Mundial a partir de 2026, la expansión del Mundial de 2027 a 24 equipos y las revelaciones de una camada de jóvenes talentos que emergen con fuerza, componen un escenario complejo pero lleno de promesas para Los Pumas. En este contexto, es imprescindible analizar los aspectos que configuran este futuro, las dificultades que aún persisten y las potencialidades que pueden catapultar al seleccionado argentino a un nivel superior en el rugby mundial.

La creación de la Liga Mundial, aprobada por World Rugby en 2023 y que comenzará en 2026, supone un cambio radical en la forma en que se disputan y se organizan los partidos internacionales. La iniciativa, que reemplaza las ventanas de julio y noviembre en los años pares, busca incrementar el atractivo y la competitividad del rugby internacional, brindando a las selecciones la oportunidad de enfrentarse a rivales de alto nivel en un marco más consolidado y regular. Sin embargo, esta propuesta trae consigo tensiones y resistencias, principalmente por la ausencia de ascensos y descensos en sus primeros años, lo que ha generado rechazo entre las naciones emergentes, entre ellas Argentina, Chile y Uruguay.

Para Argentina, esta situación representa un doble filo. Por un lado, la participación en la primera división del nuevo certamen puede ofrecer mayor exposición, nivel de competencia y la posibilidad de crecer en experiencia internacional. Por otro, la falta de mecanismos de promoción y descenso limita las oportunidades de progresar en la estructura de competencia, lo que podría perpetuar la brecha con los países más poderosos del Tier 1. La postura de la Unión Argentina de Rugby (UAR), que apoya la inclusión de las naciones en crecimiento y lucha por una distribución más justa de los recursos y partidos, refleja el deseo de potenciar el rugby sudamericano. La participación de Uruguay y Chile en los mundiales y en la Liga Mundial será clave para su desarrollo, y para que Los Pumas puedan contar con rivales más competitivos y cercanos en nivel.

El Mundial de 2027, que se disputará en Australia con la participación de 24 equipos, también representa un paso significativo en la consolidación del rugby internacional. La expansión del torneo permite que selecciones emergentes, como Georgia, Portugal, Samoa y Tonga, tengan mayor шанс de clasificarse y mostrar su crecimiento. Para Argentina, esto significa una oportunidad de fortalecerse y demostrar que puede competir en un escenario global con mayor nivel de exigencia. La presencia de más equipos en el Mundial puede traducirse en partidos más competitivos y en una mayor visibilidad del rugby en regiones donde aún está en desarrollo, aportando a un proceso de globalización que beneficie a todos los actores del deporte.

En este marco, el desempeño de Los Pumas en 2025 ha sido una muestra clara de que existe un camino de crecimiento y consolidación. La aparición de nuevas figuras como Justo Piccardo, Simón Benítez Cruz, Agustín Moyano, Gerónimo Prisciantelli y Boris Wenger refleja una camada de jóvenes talentos que han sabido aprovechar las oportunidades y demostrar que el rugby argentino tiene potencial para competir con las mejores selecciones del mundo. Estos jugadores, muchos de ellos formados en las inferiores y en clubes del país, han dado un salto cualitativo en su rendimiento y madurez, y ya empiezan a dejar su huella en los grandes escenarios internacionales.

El caso de Piccardo, con su debut en 2024 y su explosión en 2025, ilustra cómo la cantera argentina puede ofrecer diamantes en bruto que, con la preparación adecuada, pueden convertirse en referentes de nivel mundial. Similar es el caso de Benítez Cruz, Moyano y Prisciantelli, quienes han pasado de ser promesas a realidades, y que en un futuro cercano podrían disputar su primer Mundial con Los Pumas. La consolidación de estos talentos, sumada a un trabajo de base y a una estructura que permita potenciar su crecimiento, será fundamental para que Argentina pueda aspirar a mayores logros internacionales.

No obstante, los desafíos son considerables. La falta de franquicias profesionales en el alto nivel, las limitaciones presupuestarias y la baja inversión en el rugby sudamericano dificultan la continuidad y el desarrollo de estos jugadores. La situación de Los Pumas, que en ocasiones deben jugar en escenarios alternativos como Londres para mantener su ritmo competitivo, evidencia las dificultades estructurales de un deporte que aún no cuenta con el respaldo económico necesario para sostenerse en la élite. La política, la gestión y los recursos serán factores determinantes para que esta camada de talentos pueda traducir su potencial en resultados concretos y duraderos.

En esta coyuntura, la actitud de la UAR y de sus dirigentes será clave. La posibilidad de que Argentina vuelva a presentar su candidatura para presidir World Rugby, refleja el interés de cambiar el rumbo y buscar un escenario donde las decisiones beneficien a las regiones emergentes. La búsqueda de una distribución más equitativa de los recursos, la implementación de mecanismos de ascensos y descensos, y la ampliación de oportunidades para las naciones en desarrollo, son aspectos que deben estar en la agenda de los próximos años si se pretende un rugby más justo y competitivo a nivel global.

En definitiva, el futuro de Los Pumas no está escrito en piedra, pero las señales son alentadoras. La aparición de una nueva generación de jugadores, la ampliación de los escenarios de competencia y el compromiso de la UAR por fortalecer el rugby sudamericano son elementos que alimentan la esperanza de que Argentina pueda dar un salto de calidad en los próximos años. La ambición y el talento están presentes; solo falta que las estructuras, los recursos y las decisiones políticas acompañen este proceso para que, en un futuro cercano, Los Pumas puedan no solo competir, sino también liderar en el escenario mundial.

Porque, en definitiva, el rugby argentino tiene una historia de resistencia, de lucha y de crecimiento constante. La generación que emerge en 2025 promete ser el pilar para construir un futuro promisorio, donde la pasión, el talento y la perseverancia se conviertan en las claves para que Los Pumas vuelvan a ser protagonistas de grandes hazañas internacionales. El camino es largo, pero las bases están puestas. Y eso, en el mundo del deporte, siempre es el primer paso hacia la gloria.

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